¿Cortar cabezas resuelve algo?
- Ale Diener

- 22 feb
- 3 Min. de lectura
México, Tras el grito y la muerte del Mencho
Hoy México vuelve a vivir un momento que parece histórico: la detención y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG.
El mensaje oficial es claro: se trata de un golpe contundente al narcotráfico.
Pero la pregunta incómoda es otra:
¿esto cambia realmente la estructura del problema?
En Tras el grito, el periodista británico Johan Hari dedica un análisis profundo a México dentro de la llamada “guerra contra las drogas”. Su tesis es provocadora: durante décadas se ha repetido la estrategia de “cortar la cabeza” de los cárteles bajo la premisa de que, eliminado el líder, la organización colapsa.
La evidencia, sostiene, muestra lo contrario.
La lógica de la fragmentación
Cuando se captura o elimina a un capo, el negocio no desaparece.
Se fragmenta.
Surgen disputas internas. Nuevas facciones. Luchas por territorio. Competencias más violentas para demostrar poder. El mercado ilegal sigue siendo extraordinariamente rentable, y mientras exista demanda, alguien ocupará el espacio.
No es una opinión ideológica. Es un patrón observable en múltiples momentos de la historia reciente mexicana.
Cada “golpe histórico” ha sido seguido por reacomodos sangrientos.
Coincido… pero con matices
Aquí es donde quiero introducir mi propio punto de vista.
Coincido con Hari en que la estrategia de descabezamiento no ha reducido la violencia estructural en México. Más bien la ha atomizado.
Sin embargo, tampoco considero que México tenga hoy instituciones lo suficientemente sólidas como para simplemente legalizar y regular el mercado sin consecuencias colaterales graves.
Nuestra realidad incluye:
Corrupción sistémica.
Captura institucional en distintas regiones.
Debilidad del Estado de derecho.
Amplias zonas sin presencia efectiva del Estado.
Legalizar sin fortalecer previamente las instituciones podría significar trasladar el poder criminal al poder económico formal sin verdadera transformación estructural.
Pero seguir cortando cabezas tampoco ha funcionado.
Ahí está el dilema.
El caso del Mencho: ¿victoria o punto de inflexión?
La caída del Mencho representa un logro operativo. No se puede negar el trabajo de inteligencia que implica capturar a uno de los criminales más buscados del mundo.
La pregunta no es si debía ser detenido.
Claro que debía serlo.
La pregunta es qué viene después.
¿Habrá fragmentación del CJNG?
¿Se intensificarán las disputas internas?
¿Se fortalecerán células locales con menor control centralizado y mayor brutalidad?
La experiencia histórica nos obliga a ser prudentes antes de celebrar como si el problema estuviera resuelto.
El problema estructural que no se quiere nombrar
El narcotráfico no es solo un fenómeno criminal.
Es también un fenómeno económico y social.
Mientras el negocio siga siendo rentable, mientras miles de jóvenes encuentren en él una opción más viable que la economía formal, mientras la corrupción permita la operación logística, el reemplazo será casi automático.
Cambian los nombres.
No cambia el sistema.
Entonces, ¿qué hacer?
México enfrenta una tensión real:
No tiene instituciones lo suficientemente sólidas para una liberalización total sin riesgos.
Pero tampoco puede seguir confiando únicamente en la estrategia de descabezamiento.
La solución no será mediática ni inmediata.
Será institucional, gradual y profundamente incómoda.
Requiere:
Fortalecer Estado de derecho.
Recuperar territorios con presencia civil, no solo militar.
Reducir incentivos económicos del reclutamiento criminal.
Atacar redes de corrupción financiera.
Y abrir un debate serio, no ideológico, sobre regulación y reducción de daños.
Una reflexión final
La muerte del Mencho no es el final de una historia.
Es, probablemente, el inicio de otro reacomodo.
Si algo nos deja el capítulo mexicano de Tras el grito es esta advertencia: las estrategias simplistas producen ciclos complejos de violencia.
Y México ya no puede permitirse repetir ciclos.




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